Es inútil, no se puede sacar de donde no hay. Uno también se había planteado no volver a caer en la ligereza y, como el matemático de lo imposible, elevarse por encima de lo mundano para escribir sobre cierta suite francesa que visita últimamente o cómo le sentó a su organismo un paseo por aquella plaza catalana después de una tarde perdida por las calles de Madrid.
Y olvidarse uno de que por primera vez en democracia se ha enterrado a un presidente del Gobierno, el penúltimo escándalo de corrupción en el que han pillado a la ONU, de la posible relación entre el nacionalsocialismo y ese sótano de Amstetten o, como no, del pobre Mariano Rajoy, convertido sin quererlo en el chico de moda.
Pero al margen de eso parece no existir nada más en este teclado. Será que anda el corazón tranquilo y no requiere que nadie lo revuelva, al menos no con metafísica aburrida sobre esos versos tan tristres que uno es capaz de escribir sólo en ciertas noches. Esta, desde luego, no es una de esas noches.
Nota el Pie: Desde el principio, esto estaba abocado al fracaso.
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