17 de marzo de 2009

Elegía

El amor puede ser como la muerte, dicho esto en el sentido de que una despedida por falta de lo primero produce en lo profundo de los corazones la misma sensación que la ausencia de un ser querido por lo segundo. Es una suerte de atónita incomprensión, de estupor incontenible, el que, como me dijo una vez un hombre muy sabio, sentimos ante el no-ser, que no es más que una nada injusta plantada ante nosotros como una burla.
Lo siguiente no anestesiará el dolor de nadie, pues supone únicamente una reafirmación de lo anterior y, como es sabido, sólo los tontos se consuelan con el mal de muchos.

No se apresurará el invierno
a dejar paso a la primavera
por que te haya dicho adiós
y tú reniegues de su ausencia
Seguirá su rotación este planeta
a pesar de tus llantos, tu amargura
o tu tristeza
Y mientras el mundo se construya
día a día sin su presencia
aprenderás que más allá del ser
no queda más que un vasto vacío
imposible de asumir como la muerte
como su silencio, como la nada.

...

3 comentarios:

amparo jimenez dijo...

Totalmente de acuerdo

El círculo cuadrado dijo...

Se da la circunstancia, además, de que después de la nada siempre aparece algo, como un suspiró, quizá, como un resquicio... pero hay vida después del vacío.

memolo79 dijo...

aaaaaaaaaaaamen