13 de octubre de 2011

Escribir con censuras

Qué difícil resulta escribir cuando lo que se desea decir es algo que no se quiere escribir. Y qué absurdo empeño el de aquel que aún sabiéndolo se sienta para tratar de escribir aquello que ni se atrevería a decir. 
Viene a ser algo así, como ejercer de trilero con un sempiterno censor que levanta todas las letras, por si debajo de ellas se hubiera escondido alguna palabra cargada que requiriese de su corrector.
Aquello que no queremos decir resulta siempre lo más molesto a la hora de escribir; es lo que golpea contra el teclado los dedos, lo que te levanta de madrugada hacia el ordenador, aquello que se parapeta tras todas las miradas que dedicas a tu alrededor.
Y no es que solo se empeñe en atormentarte, en realidad es como un mecerse entre el rumor del oleaje, una extraña letanía que ejerce las veces de despertador: Anda, levanta, que llevas mucho tiempo callado, mejor ahoga a esos secretos guardados con el traqueteo del teclado y vuelve a la cama cuando te encuentres mejor.
Escribir sin decir lo que se desea escribir guarda un solo peligro pese a resultar sanador, pero, en cualquier caso, me temo, acecha únicamente a cualquier furtivo lector.

4 comentarios:

Loto dijo...

...como yo... que me quedé con ganas de saber lo que no escribiste

Eme de Elle dijo...

Tú sigue por aquí, por si acaso, siempre hay alguna palabra que escapa del censor. Gracias y saludos, Loto!

Anónimo dijo...

A veces no escribir lo que nos pide el cuerpo no es un acto de voluntad.
Unas veces es piedad, otras cobardía. Y entre las dos ... quien sabe.

Eme de Elle dijo...

A veces, las razones para no escribir siempre son más que las que tenemos para hacerlo, Anónimo. Gracias por pasar por aquí y dejar tu huella.