7 de abril de 2008

Alegato al amor democrático

Una valiente le dijo lo que era el amor, y él respondió:
"El verdadero amor es el democrático y éste debe ser libre; es necesario que pueda viajar a donde le plazca e instalarse donde mejor le parezca, pues sólo él sabe dónde se sentirá cómodo. Nada de impacientarle con caprichosos requerimientos o prisas innecesarias; llegará cuando tenga que llegar.
Adoptará la forma que le parezca conveniente sin seguir guión alguno. Jugará con nosotros si quiere hacerlo; pasará de ligue esporádico a compañero cómplice o a absoluta entrega si así le parece o no continuará ni ese ni ningún otro orden que la lógica permita predecir y se limitará a recorrer estadios disfrutando de su albedrío. Demolerá refraneros y convencionalismos, y ya nunca más la tercera será la vencida.
Afectará a todo humano por igual, sin distinguir raza, color o sexo y dentro de cada individuo se manifestará de forma distinta; empapará sin importarle la edad o el cuerpo que ponga en su punto de mira, y así debe aceptarse. Logrará, aún así, conservar intacto el brillo en los ojos, las miradas cómplices y furtivas, el revoloteo en el estómago, el temblor intenso de la piel al roce.
Marchará ante la más mínima señal de cómoda costumbre, soportable tedio o rutinaria monotonía. Rechazará cualquier uso social impuesto y se acotará a las normas que mejor le convengan, estableciendo jerarquías, paralelismos o atajos. No aceptará más sacralización que la que su esencia le otorga: ni dioses, ni rituales, ni convenciones, ni intermediarios.
Atravesará si es necesario el plano físico y nos dejará prendados de un recuerdo, un objeto o un simple pensamiento, sin atender a más razón que un leve temblor vital. Se sabrá cómodo a los brazos de cualquiera, pero también voluble, caprichoso y laborioso, dejando para el afortunado la mayor parte del trabajo. Él pondrá el arco y las flechas, la parte contratante el ahínco y la firmeza.
Por ello, exigirá el mimo constante del esfuerzo conjunto. Anhelará un estado permanente de sana tensión que impida su letargo y que se vigile metódicamente cada una de las decisiones que le afecten. Su único fin será la perfección y reclamará preparación, dedicación y grandes dosis de paciencia para tal batalla, en la que no hará rehenes ni aceptará claudicaciones.
Y así, el amor democrático, como cualquier ser humano llamado a competir, no se conformará con la victoria efímera en cada una de sus carreras, ni con cosechar trofeos que críen polvo en las vitrinas, sino que luchará, ante todo, por lo que considera su mayor éxito: quedarse con nosotros una vez hayamos muerto".

...

3 comentarios:

Guillermo Vila dijo...

Mierda de Democracia!!

Anónimo dijo...

Hola Miguelito!!!
Aqui una antigua amiga que fue tu compañera de "estudios" (mas bien de cafeteria) en la carrera de periodismo en la "paquito"... jejeje
Acabo de descubrir este rinconcito tuyo y mañana tranquilamente leere tus escritos, que seguro son interesantes.
Desde aqui mandarte mil besos.

Eva "la chati".

Ana dijo...

Vaya!me ha sorprendido tu alegato al amor, pareces conocerlo bien...
gracias valiente por tu contestación!