21 de noviembre de 2010

Criatura de escenario

E. ponía empeño en el arte de desaparecer. Cada cierto tiempo uno se encontraba con un armario vacío donde creía que podría encontrarla. 

Limpiaba la escena como una auténtica criminal: ni sábanas revueltas, ni ceniceros sucios, ni manchas delatoras de café. Nunca dejó un rastro de aliento que se pudiera seguir. 
No es sólo que no estuviera, sino que parecía que jamás hubiera estado.


Aún así, la casualidad siempre provocaba que alguien descubriera su escondite. 
Podía haberlo abandonado todo, cambiado el nombre, teñido el pelo, dormido en brazos de un hombre o de una mujer, que su tapadera saltaba por los aires una y otra vez.

Si se la encontraba, torcía el gesto, llevaba una mano a la cadera y encendía un cigarrillo. 
Supongo que se ha vuelto imposible que algo desaparezca para siempre si no es gracias a la muerte, decía. 
Luego regresaba un tiempo, sin contar nunca dónde o con quién había estado. Nadie sabía qué había hecho en su ausencia.
Se la podía ver entonces leyendo en los portales de las calles más céntricas de la ciudad, escondida entre la multitud, pensando su próximo destino y calculando el tamaño que debía alcanzar la próxima vez para deslizarse a través de las grietas que el mundo trataba de ocultarle.

Algunos consideraban a E. un ser egoísta, otros creían que sólo quería ser como Houdini. En cualquiera de los dos casos, se la reconocía como una gran artista del escapismo.

1 comentario:

Alberto Pequeño Salgueiro dijo...

Me acordé de esto, es una versión de César, pero la canción original es increíble.

http://www.youtube.com/watch?v=7_dz59Y22hk

:)