29 de septiembre de 2008

La bestia

Asustado de comprobar cómo el mal camina a tu lado cogido de la mano. Has recibido golpes que no olvidas, moratones en las costillas, huesos hechos astillas. Tu cabeza labra a cuchillo las derrotas a las que le has sometido y en una nota al pie recuerda cuál es tu cometido: No hay venganza posible contra un enemigo ya invisible.
El alcohol hace que no te contengas, esta noche eres dios y no hay nada ni nadie que te detenga. Rapeando insultos contra insulsos, un bar de moda se convierte en un particular campo de batalla en el que tu ego se atreve con todas las lanzas. No te pararás a contar caras a favor o en contra porque los números hoy no importan.
Los que te conocen no te reconocen, creen que juegas a hacerte el indecente, a tambalearte escupiendo entre la gente. No me pises que te aplasto el alma, no me acaricies que ahora mi corazón no ama. Voy a enfrentarme con todo aquel que esté callado, con todo aquel que diga esto y lo contrario.
Y si te pones por en medio, me cago en tu vieja, he soltado a la bestia.

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1 comentario:

Guillermo Vila dijo...

Estoy seguro de que este texto le va a encantar al del salón de mentiras